quarta-feira, julho 27, 2005

Domingo, en el Jardín Constantino

No son tierras extrañas.
No evitarás la tradición ni sus entrañas.
Has devorado ya al profeta
Mas nunca lo digieres,
Allá, para ti, interno.
Lo oyes repetir anunciaciones
Y algo que nombrarías como desgracia
Si entendieras qué asunto no lo es.
Ni en ti ni para ti callarlo puedes.
El sol, avanzada ya la tarde,
Te da esa luz por la que tanto suspiraste.
Tarde, luz, Lisboa,
Ni dueño de ti mismo ni acompañado de persona
Conoce, reconoce, ve a través de tu mirada
Cómo las piedras son de piedra
Y tú de sueños y de sangre.
El viento sopla en tu cabello y entre plantas.
Algunas hojas en el suelo van de paso.
Feliz, al fin, es el encuentro
De ti con tu desastre.

Francisco Cervantes

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